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Habilidad No. 9 de la Inteligencia Emocional

Apr 02, 2025
Virtuosum
Habilidad No. 9 de la Inteligencia Emocional
6:37
 

 

 Foto: Imagen de Freepik

 

¡HOLA! Bienvenido a Miércoles de Liderazgo. Te ofrezco ideas para fortalecer tu liderazgo dondequiera que lo ejerzas. Alfredo Esponda te da las gracias por estar aquí.

 

En la miniserie de Netflix llamada “Adolescencia” vemos el caso de un joven de tan solo 13 años que, a través de la exposición a lo largo de la trama, está angustiado por tener a quien contarle sus confusiones, por tener alguien en quien confiar sus sentimientos más íntimos y por soltar en pequeños encuentros conversatorios algo que no puede gritar a voz en cuello.

 

Seamos francos, esta necesidad se presenta no solo en muchachos de 13 años, mayores y adultos mayores siempre tendremos la necesidad de alguien que preste no solo sus oídos, sino su hombro, para recibir nuestras cargas emocionales. Es una necesidad nunca completamente satisfecha, siempre hay espacios que no se llenan.

 

Hablemos de la habilidad número nueve de la inteligencia emocional: entrenar o ser coach.

 

Las personas que cuentan con un comportamiento maduro, que ya aplican las habilidades de la inteligencia emocional, son candidatas para ejercer esta habilidad de entrenar a otros; volviendo a nuestra fuente, Daniel Goleman, retomamos su descripción: “ser coach o mentor significa ayudar a otro a conectarse con su yo ideal y comprender cuáles serán los pasos concretos para alcanzar ese ideal”.

 

Es deseable que tengamos la vocación de querer ayudar a las otras personas, esto va más allá de la empatía. No basta con compartir sentimientos y perspectivas con otra persona, es preciso ir más allá, se trata de ofrecer perspectivas de largo plazo a la persona para que comprenda cómo puede encauzar su conducta, ofreciéndole una relación constructiva y orientándolo hacia la meta elegida.

En otra miniserie que no recuerdo el nombre se desarrolla el caso de un adolescente de 17 años que está enamorado de una chica, que es la más popular de la clase, así que después de varios intentos logra que ella vaya a su casa en horas en que sus padres están ausentes, en el trabajo.

 

Cuando se encuentran juntos y solos, por primera vez, él comienza a abordarla, pero no sabe cómo hacerlo; entonces, ella lo rechaza. El muchacho desesperado la toma de los cabellos y la azota contra el piso, todo su reclamo se sintetiza en un lamento profundo: “por qué con otros sí, conmigo no”. De tanto azotarla contra el piso, la mata.

 

La paradoja es que el padre del muchacho es profesor en la escuela, pero acaba reconociendo que, en realidad, “él no conocía a su hijo, su comportamiento le sorprende, no se lo esperaba”.

 

El mundo está lleno de personas necesitadas de ser guiadas, o al menos, escuchadas.

 

A cualquier persona mayor que ha logrado consolidar una manera sana de vivir puedes preguntarle si a lo largo de su vida tuvo a alguien que le haya brindado consejos o lecciones que le fueron útiles y te contará por lo menos un par de situaciones.

 

A esas situaciones les llamo “puntos de inflexión”. Te pido que reflexiones ¿cuántos puntos de inflexión reconoces en tu vida? Algunos llaman a esto “el momento que cambió tu vida”. Te puedo asegurar que es un ejercicio de introspección muy útil.

 

A nivel personal yo recuerdo más de diez puntos de inflexión a lo largo de mi vida, uno muy importante es mi boda. A partir de allí todo fue diferente en mi vida. Cuando lo recuerdo, alzo la vista al cielo y digo: “gracias, Dios mío por haberme dado ese gran momento”.

 

No todos esos momentos de inflexión se convierten en enseñanzas de viva voz, pero sí en lecciones que uno va tomando según su propia interpretación, aunque la otra persona no haya tenido el propósito de estar enseñando.

 

La mejor ocasión para ejercer esta habilidad de la inteligencia emocional es en el trabajo, puede suceder que tú sabes y dominas “algo” que un compañero desconoce, lo mejor es explicarle cómo se hace ese “algo” y demostrárselo para que lo aprenda. Muchas personas son egoístas y suelen ocultar ese conocimiento.

 

El escritor Richard Boyatzis le llama a esto “entrenamiento o coaching con compasión” afirma que las personas pueden desarrollar más fortalezas si se le estimula y anima a perseguir sus sueños y respetar sus valores.

 

En muchas empresas se realizan sesiones de evaluación del desempeño y se convierten en sesiones de regaño o solamente puntualizan las debilidades del evaluado, en vez de convertirla en sesiones que inspiren el deseo de seguir superándose.

 

De modo que toda persona puede ejercer esta habilidad número 9 enfocándose en ayudar a desarrollar las máximas potencialidades de la persona. El punto de partida consiste en el conjunto de valores que la persona respeta y sigue cotidianamente en su conducta. No alejarnos de esos valores, sino a partir de ellos.

 

Goleman relata un estudio donde se observó a los supervisores. Se registró un 2% de interacción directa con sus subordinados. Se les preguntó qué tanto retroalimentaban y guiaban a su personal y ellos contestaron “más del 10%” Se les mostraron los datos y no lo podían creer. A partir de entonces se tomaron en serio la retroalimentación constante y aumentaron sus comentarios hacia sus subordinados.

 

Debemos buscar oportunidades de enseñar a otros. Siempre hay alguien que necesita de un conocimiento que nosotros ya poseemos, seamos generosos y compartamos. Continúa con tu preparación, hay mucho por aprender entra a www.cencade.com.mx Será la guía para continuar con éxito tu profesionalización.

 


¡HASTA EL PRÓXIMO MIÉRCOLES!

 

GOETHE: El ejemplo noble hace fáciles los hechos más difíciles.

 

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